Ahora que los hermanitos Méndez han dado el visto bueno, me dispongo a emanar una nueva reflexión.
¿Por qué no encuentro en youtube las reflexiones de Alberti al final de todo x $2? ¿Hay que demandar a los youtube? ¿Eh?
¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Estamos locos? Piquete por aquí, manifestación por allá, Rodríguez a Sobisch lo tiene que matar.
Ahora resulta que los pilotos juegan a la versión aeronáutica de "gallina" en nuestro espacio aéreo. Parece que antes de aterrizar en aeroparque tenes que tocar madera, pisar mierda y no pasar por debajo de esa escalera. Y tener fe. Si no creés no funciona. Digo yo, ¿no? ¿Por qué no bajan en los campos del norte de Santa Fe, donde las avionetas narco aterrizan sin ningun inconveniente a pesar de la falta de radar?
Y hablando de sustancias psicoactivas, al final resulta ser que La Renga tenía razón cuando decía "prenden fuego y no queman nada" ¿qué hacemos? ¿Al que come y no convida le pega la policía? Y, ponele, ¿no? Si la policía no te pega, ¿te tenés que fumar un milico?
Ahora que las reservas están en su máximo histórico, yo me pregunto ¿y el once titular? ¿Qué onda? ¿Seguimos pidiendo a Maradona? ¿Eh?
Entonces para cerrar, los dejo con las siguientes palabras que pronunciase en su tiempo, allá por el doscientos quince antes de Kirchner, el célebre licántropo trotskista Juan Ramón Jara: "Si tu defensa es un colador, acá tenés los ravioles."
Nada más.
23.5.07
13.5.07
:-(
Hoy aprendí que nunca estoy a la altura de las circunstancias, salvo un número ínfimo de veces en las cuales las circunstancias no están a mi altura.
Que garrón.
Que garrón.
9.5.07
mgpmiaosgnuitrhbyutbjkc
hola sí, mirá hoy te escribo con minúscula porque estoy apurado ¿eh? espero sepas disculpar cualquier inconveniente que esto te ocasione. pasa que es tarde, le tengo que dar de comer al vampiro y me voy al mazo. hasta hace un rato estuvimos ahí con las fuetnes conmutadas ¿vistes? perdón por poner el vistes con s, es que el lunes tengo una consulta. ¡que manera de conmutar, las fuentes! una cosa de locos como conmutan. en fin, entonces estuve viendo a peter capusoto y todo el humor de keith richards, que es un cago de risa, si no me crees buscalo en youtube, ¿qué? ¿querés un link? no nos estamos entendiendo, te dije que estaba apurado. en realidad si uno se pone a pensar un poco tiene sentido ¿no? ¿cómo un tipo que se aspiró al padre no va a tener sentido del humor? psss
lo otro que es la posta ultimamente es el "cine nacional" de todo x$2, un plato, buscá "cine nacional todo" y ahi sale al toque. te reís.
se me acabó el tiempo
lo otro que es la posta ultimamente es el "cine nacional" de todo x$2, un plato, buscá "cine nacional todo" y ahi sale al toque. te reís.
se me acabó el tiempo
3.5.07
Esto es Rosario
Esto me llegó al mail una vuelta y dije "uy que bueno, lo voy a reenviar" pero después me colgué y pasó mucho tiempo y en realidad odio reenviar mails. Lo que si me gusta es postear. Así que acá está.
Esto es Rosario
Somos creativos, a falta de paisajes Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual?. Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.
Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitando Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en lo de las mujeres.
Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: "Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses".
Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca "Rosario, la ciudad de las mujeres" suena un tanto obvia y sin gracia. "Rosario, Capital Nacional de la Potra", rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a "loba", nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada. Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo Somos todos feos. Sostengo allí, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Solo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos.
Cuando se generaliza diciendo "La mujer brasileña es bellísima" o "El hombre argentino es muy buen mozo", se habla, duro es admitirlo, de un 5% de nuestros habitantes.
Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy pero muy buena.
Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras han debido bajar hacia el río, descender hacia el Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a echarse hacia atrás buscando el equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano.
Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde. Se pierde la que viene de frente. La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores.
Seamos realistas, el Paraná boca arriba (como poetizó Pedroni) es enorme pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba.
Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Paéz, Baglietto, el Gato Barbieri, etc. etc. etc. por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la Cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras latitudes. "¿Por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?", suelen preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraído por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos o simposios. "Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer" contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquís, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto "¿Cuántos escritores dio Las Vegas?".
Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio. "Si de acá salió Fito -se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia.¿Por qué no puedo salir yo?". Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renato Cessarini.
En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes. Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, egoístamente, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando. Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce, Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella.
Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el Monumento a la Bandera, no tenemos un cantito como cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto, en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. "El estilo es la insistencia" dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad. Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.
Roberto Fontanarrosa
*Cuando vayan a Sudamerica estan invitados a pasar por Rosario,tranki con las minas,eh!!!
Esto es Rosario
Somos creativos, a falta de paisajes Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual?. Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.
Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitando Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en lo de las mujeres.
Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: "Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses".
Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca "Rosario, la ciudad de las mujeres" suena un tanto obvia y sin gracia. "Rosario, Capital Nacional de la Potra", rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a "loba", nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada. Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo Somos todos feos. Sostengo allí, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Solo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos.
Cuando se generaliza diciendo "La mujer brasileña es bellísima" o "El hombre argentino es muy buen mozo", se habla, duro es admitirlo, de un 5% de nuestros habitantes.
Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy pero muy buena.
Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras han debido bajar hacia el río, descender hacia el Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a echarse hacia atrás buscando el equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano.
Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde. Se pierde la que viene de frente. La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores.
Seamos realistas, el Paraná boca arriba (como poetizó Pedroni) es enorme pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba.
Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Paéz, Baglietto, el Gato Barbieri, etc. etc. etc. por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la Cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras latitudes. "¿Por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?", suelen preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraído por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos o simposios. "Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer" contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquís, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto "¿Cuántos escritores dio Las Vegas?".
Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio. "Si de acá salió Fito -se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia.¿Por qué no puedo salir yo?". Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renato Cessarini.
En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes. Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, egoístamente, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando. Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce, Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella.
Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el Monumento a la Bandera, no tenemos un cantito como cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto, en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. "El estilo es la insistencia" dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad. Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.
Roberto Fontanarrosa
*Cuando vayan a Sudamerica estan invitados a pasar por Rosario,tranki con las minas,eh!!!
30.4.07
Proyecto
Muchach@s, multitumbre amuchumbrada, seres etéreos llenos de química como todas las cosas que vegetan ahí detrás de la pantalla, wesemenos y wesemenas, escuchad la perorata que aquí me atrevo a mandar sin perseguirme.
He decidido, hace solo algunos milisegundos aquí mismo en el lugar donde ahora me encuentro en este momento, lo siguiente: (redoble de tambores) quiero un tótem. Sí, un tótem. Quiero un tótem y alguno de ustedes va a proporcionarmelo.
Se que entre ustedes debe haber un artista plástico que esta buscando ideas para su obra cumbre, la creación que ha de caltapultarlo al salón de la fama de los artistas plásticos, de manera de codearse por los siglos de los siglos con Miguel Angel, Roy Lichtenstein, Charles Umlauf, el doctor que le hizo las gomas a Pamela Anderson, etc.
El material a esculpir debería ser un metal noble, o una piedra preciosa gigante. Sin embargo, dada la escasés de dinero que me caracteriza, me conformaré con cualquier material que resista lluvia, calentamiento global, nieve y demás inclemencias del tiempo, como por ejemplo: plástico. Y si, a algunos puede parecerle un material indigno y vulgar pero desde el punto de vista químico es muy interesante: está lleno de polímeros, además ¿qué sería de un artista plástico sin el plástico? Se convertiría en un vulgar "artista" a secas.
Mi plan es situarlo en alguna plaza de Río Gallegos, de modo que tendría que ser bastante aerodinámico, y sería bueno que tambien pueda soportar eventuales embestidas de camiones descontrolados.
Las caras a retratar son las de los miembros de la FUCAC y algunas otras cuestiones a convenir.
Espero currículums y bosquejos de los interesados en mi bandeja de entrada. Sus preguntas no molestan.
He decidido, hace solo algunos milisegundos aquí mismo en el lugar donde ahora me encuentro en este momento, lo siguiente: (redoble de tambores) quiero un tótem. Sí, un tótem. Quiero un tótem y alguno de ustedes va a proporcionarmelo.
Se que entre ustedes debe haber un artista plástico que esta buscando ideas para su obra cumbre, la creación que ha de caltapultarlo al salón de la fama de los artistas plásticos, de manera de codearse por los siglos de los siglos con Miguel Angel, Roy Lichtenstein, Charles Umlauf, el doctor que le hizo las gomas a Pamela Anderson, etc.
El material a esculpir debería ser un metal noble, o una piedra preciosa gigante. Sin embargo, dada la escasés de dinero que me caracteriza, me conformaré con cualquier material que resista lluvia, calentamiento global, nieve y demás inclemencias del tiempo, como por ejemplo: plástico. Y si, a algunos puede parecerle un material indigno y vulgar pero desde el punto de vista químico es muy interesante: está lleno de polímeros, además ¿qué sería de un artista plástico sin el plástico? Se convertiría en un vulgar "artista" a secas.
Mi plan es situarlo en alguna plaza de Río Gallegos, de modo que tendría que ser bastante aerodinámico, y sería bueno que tambien pueda soportar eventuales embestidas de camiones descontrolados.
Las caras a retratar son las de los miembros de la FUCAC y algunas otras cuestiones a convenir.
Espero currículums y bosquejos de los interesados en mi bandeja de entrada. Sus preguntas no molestan.
27.4.07
Disgustipated
Era de día cuando te despertaste en tu zanja. Miraste arriba, tu cielo. Eso hizo el azul tu color. Tenías ahí tu cuchillo también. Cuando te paraste había mugre en tu ropa. Tus manos estaban pegajosas. Te las lavaste en tu pasto, entonces ahora tu color era el verde. Oh Señor, por que todo tenía que estar siempre cambiando contínuamente así. Ya te estabas poniendo nervioso de vuelta. Te dolía la cabeza y sonó duro cuando te levantaste. Tu cabeza estaba casi vacía. Siempre te dolía cuando te levantabas así. Te encaramaste fuera de tu zanja y a tu calle de ripio y empezaste a caminar, esperando que el resto de tu mente vuelva a vos. Podías ver el auto estacionado al final de la calle y caminaste hacia él. "Si Dios es nuestro Padre," pensaste, "entonces Satán debe ser nuestro primo." ¿Por qué nadie más entendía estas cosas tan importanes? Llegaste a tu auto y probaste todas las puertas. Estaban todas cerradas. Era un auto rojo y era nuevo. Había un caro estuche de cámara de cuero sobre el asiento. Lejos en tu campo, podías ver dos diminutas personas caminando por tus bosques. Empezaste a caminar hacia ellos. Ahora el rojo era tu color y, por supuesto, esas pequeñas personas eran tuyas también.
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