26.4.10

La previa.

Los minutos antes es frecuente que me sienta mal. El remolino en el estomago hace sentir mis penas mas profundas y en busca de desahogo solo pienso en terminar el desafió importante que se esta por presentar. El temblor en las piernas corre como la adrenalina y las ansias de llegar al campo de juego. El nerviosismo aumenta con cada paso y yo solo ruego con poder ya disputar el enfrentamiento.

El recipiente cerámico en donde se desprenden todas mis penas es esta vez un lugar nuevo en donde debutar. Es mas que un territorio ajeno hoy, lo cual ya siempre es incomodo. Una cancha inundada y de instalaciones precarias: sin papel, sin cadena, sin tapas y sin puerta: el baño de mi facultad. Lugar que me veo obligado a utilizar en busca de realizar mi menester. 

Las tareas de pre-calentamiento fueron obviadas y en solo cuestión de segundos antes del primer empujón ya me encontraba en posición, listo para dar comienzo al match. 

Es aquí donde mi poder ofensivo no se hace esperar. Una vaya por demás vencida en una fugaz e incontable cantidad de veces son festejadas con un prologado grito de gol. 

Sacada una vez la diferencia era momento de enfriar el partido y mantener el resultado a como de lugar. Y es otra vez gracias a tener una nariz molesta lo que me provee la necesidad de llevar conmigo pañuelitos descartable en todo momento lo que origina la diferencia. Era el pack de 10 de los elites con olor a mentolate los que estaban a la orden del día. Sin lugar a duda fue la ayuda del resto de mi equipo la que me permito cerrar el partido. El sacrificio en el campo de juego, eso es lo que nadie le puede reprochar a mis nunca mas fieles compañeros. 

Victoria, luego de lavarme intensamente las manos e incorporarme de nuevo a clase.

13.4.10

Fulbacho

No habrán sido más de diez minutos lo que demoré en almorzar aquella tarde. Supongamos de 15:45 a 15:55 o similares marcas temporales de aquel viernes, último día laboral de una semana cualquiera. La comida era así como unos zapallitos rellenos de algún pescado con queso derretido y una rodaja de tomate al tope. Como muchas otras veces no se si estaban buenísimos o me encontraba yo invadido por una hambruna descomunal.
En los diez minutos incluyo también el tiempo que me llevó dar cuenta de la ensalada de frutas que había de postre. En total habrán sido unos ocho kilogramos de material comestible deglutidos a una velocidad sobrehumana.
Rondaríamos entonces, según dijimos, un momento inexacto alrededor de las cuatro de la tarde, cuando recibí el mensajito de texto del Cordobés confirmando el partido de fútbol cinco a disputarse en Corrientes entre Ituzaingo y Cerrito a las diecinueve horas.
Inmerso en esas circunstancias me vi en la obligación de emprender una siesta regenerativa, para llevar las energías corporales a un equilibrio, descansar la marula y el cuerpo.
Una vez concluida la siesta, que en mi opinión fue altamente satisfactoria, me levanté raudamente e hice los aprontes para encarar el camino al fóbal. Antes de salir noté que seguía existiendo uno de esos maravillosos zapallitos rellenos y me lo zampé sin más ni más.
Cacé el vehículo y rumbeé duro al pedal hacia la cancha. Esperamos que se desocupe la misma del turno anterior para luego mandarnos al verde rectángulo.
Como siempre pateamos un poco a modo de precalentamiento hasta que llegó el último jugador. Y en algún momento difuso, que si fue después del silbato inicial debe haber sido muy poco rato, comencé a sentir una sensación intensa, bastante distinta a esas que describen en los programas como "El Aguante" los hinchas de la televisión. No, más bien era como un llamado de la naturaleza que con el correr de los minutos y del trabajo abdominal que requiere un deporte como el fulbo, ya no parecía sólo un llamado, sino que se complementaba con mensajes de texto de la naturaleza, e-mails, pintadas en paredones, agresivas campañas radiales y televisivas, rumores en las calles y el boca en boca natural. Cada pique era un suplicio in crescendo.
Pongamos por caso un acontecimiento muy delicado que se dio en una jugada defensiva, en la cual el delantero del equipo contrario en su afán de conseguir el balón me acertó un involuntario manotazo en las pelotas... ahí sentí en la própia carne como todo tiene que ver con todo, como el universo se interconecta por todas las puntas, comprendí que somos ni más ni menos que la esencia del cosmos (que es uno solo) y fluimos en él como corrientes de distinta densidad buscando un noseque, tal vez el equilibrio, tal vez la felicidad, tal vez la paz mental, tal vez una casa con jardín, una reja blanca y una cuatro por cuatro o tal vez el eterno escape hacia afuera de la realidad. No se como hice para mantener todas las cosas en su lugar. Ya en ese momento el trámite parejo del partido (ganábamos por mínima diferencia) era la menor de mis preocupaciones.
Como sucede en muchos casos, la salvación llegó a partir de una jugada de pelota parada. Un corner desde la izquierda y me arrimé a patearlo. Todos los posibles receptores estaban, en principio, cubiertos y tenía un tipo adelante como para tapar el centro directo, pero se me ocurrió una alternativa ganadora: la empalé con el pie derecho y se la pasé por arriba al defensor para la cabeza del cordobés que entraba solo. Bah, yo pensé que entraba solo, pero de la nada surgió otro defensor a la disputa del balón, que caía casi vertical sin fuerza al punto de penal. El cordobés tenía la posición pero el defensor saltó con mucha potencia y con el codo un tanto elevado. No se donde quedó la pelota, pero el codo terminó abriéndole un tajo en el arco supraciliar derecho al muchacho de la vecina provincia.
La lesión precipitó el final del partido y entonces, lleno de alivio, pude ir a devolverle a la naturaleza todo lo que ella me da a mi.

15.3.10

Ética Laboral

Llega un momento en la vida de la mayoría de los hombres de bien en el cual deben empezar a trabajar para conseguir sustento. Cualquiera sea su nivel de estudios y el estrato del nuevo trabajo a desempeñar, se manifiestan radicales cambios en la vida del individuo, cambios tan capitales que pueden resultar traumáticos en muchos aspectos.
Para empezar, el novel trabajador debe enfrentarse a una nueva dimensión de relaciones interpersonales, las llamadas relaciones laborales. Se le abre de par en par un universo de nuevas personas a las cuales no puede, como hacía habitualmente, mandar al carajo sin más ni más cuando le apetecía o bien golpear hasta la inconsciencia si la primera alternativa no era suficiente. El individuo debe aprender a ocultar sus sentimientos y emanar respeto de todos los poros de su cuerpo, aunque en su interior sólo quiere repartir salivazos en la cara de todos los que lo rodean. Un ejemplo práctico y conciso de un buen comportamiento, como sugería en su momento el efímero blogger Gonzalo Mendez, sería saludar al jefe con la siguiente locución: "¿Qué hacés, puto?" Suena amistoso, pero le estás diciendo "puto" al jefe, abundaba la misma fuente. No se profundizará sobre este particular dado que cientos de árboles ya han perdido su vida en pos de relaciones laborales mejor comprendidas.
Tampoco es el objetivo de este pequeño artículo tratar las no menos importantes nuevas responsabilidades como ser: levantarse a la mañana todos los putos días, marco legal del trabajo (así como el ser humano no puede escaparle a la medicina a pesar de no haber estudiado ciencias médicas, menos que menos puede rehuirle al derecho a pesar de no haberse quemado las pestañas en ese ramo), trámites relacionados con la obra social, etc. Ya todo ha sido pensado y repensado por otros cráneos seguramente más brillantes, o al menos no tan opacos como el del que suscribe, incluso (conjeturo) se habrán pergeniado estrategias y contraestrategias basadas en este tema para aumentar la productividad, para aumentar la creatividad de los empleados, para aniquilar la competencia y para la mar en coche de etcéteras.
Pero todos callan un aspecto ineludible en el cotidiano trajinar de la masa proletaria: el asunto del baño. Tal vez parezca a priori una nimiedad, una cuestión de escasa importancia, y en efecto seguramente lo es, sin embargo ¿cuál es la manera más efectiva de utilizar el recurso compartido? Por ejemplo: si un trabajador va a hacer lo primero (entendiendo por "lo primero" una forma refinada y gay friendly de lo que más comúnmente se denomina "echarse un cloro" o más sintéticamente "mear") ¿debe dejar la puerta abierta o cerrada? Si la deja abierta corre el riesgo de distraer a sus colegas de sus menesteres con el ruido fruto de la turbulencia urinal originando comentarios referidos a la duración o la intensidad del chorro en cuestión, lo cual distrae a las personas del objetivo que es agregarle valor a la materia y por lo tanto atenta contra la productividad de la empresa. Por otra parte si se deja la puerta cerrada el resto del plantel podría pensar que en realidad está haciendo lo segundo (entendiendo por "lo segundo" una forma mucho menos creativa y mucho más ñoña de "despedir un amigo", "cagar una liana", "soltar lastre", "torpedear con caca" o "eyectarse") lo cual genera la obvia reacción de esquivar el baño hasta tanto se disipen los nauseabundos efluvios que se adivinan (aunque erróneamente) dentro del mismo. De más esta decir que el obrero que no puede descargar la vejiga automáticamente sufre una merma en su desempeño.
Habiendo aún mucha tela por cortar en el tema, debo abandonarlo porque la noche está ideal para apoliyarla.

9.2.10

Propaganda

¿Estará mi mente enferma? ¿Por qué otra razón podría ser posible que al ver una de esas propagandas de conciencia vial, de no fume paco si va a conducir, de no conduzca si va a beber, etcétera... me invaden unas ansias locas de clavarme un suero compuesto por trinitrotolueno, mertiolate, kerosen y actimel (en partes iguales) para luego montarme en una moto gp de mil caballos de fuerza, palanca al piso, espirales recién cortados y chaveta a 43 grados y salir a tirar frenos de mano como un poseído por todas las avenidas para terminar mi desbocada carrera incrustándome de lleno a 300 kilometros por hora en la caja registradora de un supermercado chino?
Se los dejo picando para que reflexionen y lo charlen con sus papis.

12.1.10

Tecnocapitalismo

Atahualpa Yupanqui decía que cultura es saber el nombre del árbol que tenemos plantado en la puerta de casa y el nombre del pájaro que se posa en sus ramas y canta todos los días.
El budista zen Chao-Chou al ser interrogado por la verdad budista respondió "Ciprés en el jardín".
Fíjense ustedes que filosofías tan poco compatibles con la del tecnocapitalismo que rige hoy el mundo. Al árbol que tenés en la puerta hay que talarlo para hacer palos para armar una policía, que el pájarito se vaya a posar a la reputa que lo parió y si después te pican los mosquitos que el ave no se comió por estar posando en la reputa madre que lo parió te vendemos un repelente, unas pastillas, un espiral, un líquido. ¿Qué? ¿No tenes plata? Vos no pertenecés a la sociedad. A la policía la usamos para aislar a los inadaptados que no comparten nuestra manera de ver el mundo que es la única que tiene éxito (sino nosotros estaríamos tras las rejas y no vos, hippie roñoso). Me refiero a esos malandrines que no quieren ser mano de obra esclava pero tampoco tienen capital como para obtener sustento del mismo y les insertamos objetos contundentes en el upite hasta lograr reinsertarlos en la sociedad.
Y qué mejor imagen de la naturaleza sometida por la técnica que un cordero al palo, sujetado en un dispositivo sujetador de corderos al palo creado por un preso, tal vez para distraerse de la sodomía, en pleno cautiverio. La combustión se alimenta de madera de los álamos que se ven en el fondo (entre otras maderas que, creame lector, también fueron árbol).



Contaminación, desertificación, explotación, catástrofes meteorológicas... ¿qué más nos deja la devastación de la naturaleza por el hombre cartesiano? Por lo pronto un delicioso cordero asado.

11.12.09

Invenciones.



Hay cosas que duran un instante, como mi interés por aprender
robótica, y hay cosas que duran 100 años como la radioactividad atómica.

Uno googlea robótica con buena intenciones, pero, ¿es así, si mi verdadero
objetivo es crear una maquina de devastación mundial y deshabitar
la tierra?

Miento, mi sueño es en realidad crear ese virus apocalíptico que transforme
a los seres de este planeta en zombies enardecidos y hambrientos.

Mentí otra vez. Mi único deseo es la paz mundial,
pero esta es imposible de inventar.

Ahora, para aquellos secuaces que dicen que esta se construye...
Solo les digo que los odio con todo mi ser.


A propósito, aquí iba solo el vídeo.

28.11.09

Encíclica Navideña

Estimados feligreses, los he reunido con la excusa de que ya se acerca Noche Buena, ya se acerca Navidá, el fin de año es aún más inminente de lo que siempre fue y ¿qué mejor ocasión que esta para compartir con ustedes una reflexión?
Preguntaos los unos a los otros entre sí: ¿qué es esto del Papá Noel? En una nación eminentemente maternalista donde los insultos más hirientes siempre hacen referencia a un miembro femenino de la familia, desde el popular "hijo de puta" hasta variantes menos comunes como "la concha de tu tía" pasando por improperios que involucran a la hermana, la prima e incluso a la abuela, en los cuales no quiero ahondar para no sucumbir en una vorágine chabacanista como tantas otras veces.
¿O acaso no ocupa la vieja, entre ambos progenitores, un lugar más trascendental en todas las manifestaciones culturales del país?
Por otra parte ¿qué significa para nosotros esa ropa tan abrigada? Si, les digo más, hasta en las regiones más australes de este estado latinoamericano se puede salir al boliche de remera e inclusive a veces tenemos que andar pateando monos para que vuelvan a las copas de las palmeras y no nos coman el vitel toné. Ni hablar de Jujuy, Formosa o la mismísima capital santafecina donde se rumorea que en esas fechas se abre un portal directo al averno.
Propongo entonces, estimados apóstoles de la causa, para protección de nuestro patrimonio cultural, una Mamá Noel con la cual sentirnos realmente identificados, ligera de ropas y con probada capacidad amamantativa como la de la siguiente figura esquemática meramente ilustrativa.